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¡¡ESTAMOS APRENDIENDO A VIVIR NUEVAMENTE!!

Ahora que estamos en casa, inventamos juegos; los almuerzos y cenas se vuelven largos y llenos de charlas entre nosotros, nos reímos y lloramos juntos de los problemas y cuidamos uno del otro.  Nadie tiene donde ir, o cosas para hacer. La falta de tiempo ¡SE ACABÓ! Estamos encerrados en casa y “presos” por causa del tal VIRUS, sin pensar que nos ha hecho un gran favor, a pesar de todo. Nos ha librado de la arrogancia. Hemos comprendido: que no somos nada y no tenemos control de nada. Nos libra de la ENVIDIA, porque entendemos que no sirve para nada. Nos muestra nuestra vulnerabilidad, nos muestra el camino de vuelta a DIOS. En fin, nos ayuda a percibir nuestra prisión individual que antes teníamos, con la excusa de la tal falta de tiempo para todo, aumenta nuestros sentimientos para la familia y amigos, nos LIBERA. Nos deja LIBRES para tener miedo, para sentirnos impotentes, para no correr atrás de nada… Al final, el único trabajo que tenemos o la única lección que hoy día tenemos, es la de intentar no enfermarnos… Y muy importante, nos permite reencontrarnos con nuestros amados, aquellos con quienes vivimos en la misma casa, amamos, pero muchas veces ni nos hablamos como deberíamos porque siempre estamos pendientes del uso de la tecnología. NUESTRA FAMILIA es hoy con quienes podemos conversar del día a día. Y por fin, y lo más importante, nos hace volvernos a DIOS. Al final, delante de nuestra vulnerabilidad, es ÉL y solamente ÉL, quien puede protegernos. Este virus puede matarnos, pero al final de todo, nos está enseñando a VIVIR nuevamente.

¡ORA EN TODO MOMENTO!

Es el momento de vivir de fe, que quiere decir «abandonarse» en la verdad misma de la Palabra del Dios viviente, sabiendo y reconociendo humildemente «¡cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!» (ROM 11, 33).

Las circunstancias de la pandemia, junto con la limitación que impone en la participación de los actos de culto, puede ser un llamado a vivir con renovada intensidad aquella frase de la Sagrada Escritura: «El justo vive de la fe».

Hay que manifestar la fe en el hogar con la oración, pero también con manifestaciones externas que hagan más patente nuestra fe. Ha llegado el momento de redescubrir la oración en familia, de que los padres aprendan a bendecir a sus hijos. Que levantemos una plegaria para bendecir los alimentos y que nos despidamos de los que queremos diciendo ¡Dios te bendiga!

Desearíamos ser útiles, servir para algo. Pero lo único que podemos hacer es rezar, animarnos mutuamente, apoyarnos los unos a los otros. Es el momento de redescubrir la oración personal y de volver a escuchar a Jesús diciéndonos: «Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará» (Mt 6, 6).

Anímate a poner en práctica la adoración en tu casa, porque no hay vida cristiana sin vida sacramental. No hay que bajar la guardia, el poder de Dios no conoce límites, y puede comunicar los tesoros de la vida de Cristo sin estar atado por ningún condicionamiento humano.

Es una invitación humilde, pero llena de confianza en aquellos que somos llamados a humanizar el mundo a través de la educación, un enorme abrazo a la distancia a toda la comunidad LICEO NUESTRA SEÑORA MARIA INMACULADA DEL BOSQUE.